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Cuentos cortos: ¿Por qué Dios vivía en el cielo?
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Cuentos cortos: ¿Por qué Dios vivía en el cielo?

Lidia Sanciprián es escritora y columnista. Twitter: @rsanciprian2 

por Lidiasanciprián

Empezó a ofrecer comida y lo que tenía para que cayera agua.

Empezó a ofrecer comida y lo que tenía para que cayera agua.| m@openphoto.net

Derrochador sin medida, a veces con intención, otras sin miramientos, unas bondadoso y otras injusto, sin piedad, siempre poderoso y pocas frágil.

 

Así es la naturaleza, igual que Jerónimo. Lo imaginaba corriendo en la planicie, tomando a cualquier hembra que se atravesara.

 

Vivía  como la naturaleza, bien podía ser un personaje del siglo XXI o del 3,000 antes de Cristo.

 

No conocía la escritura.

Tenía una mujer preferida y varias que intercambiaba.

Algunas pocas permanecían y muchas desaparecían.

Tenía el poder del liderazgo, más ganado y tierra que los demás por lo que era querido y respetado.

 

Un día su ganado empezó a padecer hambre, vino la sequía y del cielo no caía más agua, su vida, la de su tribu, su poder, todo dependía del cielo.

 

Aquel día volteó al cielo y supo que ahí vivía Dios.

 

Empezó a ofrecer comida y lo que tenía para que cayera agua.

 

Dejó de perseguir mujeres ante la emergencia; le preocupaban más las cosas del cielo ya que las materiales faltaban.

 

Un día volvió a llover y Jerónimo tuvo una explosión de alegría.

 

Dios ya no estaba enojado.

Organizó un rito mayor y un grupo de sacerdotes para que atendieran mejor aquel caprichoso Dios.

 

Jerónimo regresó a su vida y empezó a creer que el poder no lo tenía todo.

 

Enfermó, pensó que si moría, al cielo quería ir, pero su Dios de entonces no perdonaba pecados, se quedaría en la tierra y más abajo de donde lo enterraran.

 

Así inventó más artimañas para distraer o contentar a Dios, desde danzas, cantos hasta grandes templos.

 

¡Qué suerte tenemos los que nacimos en estos tiempos! Ya conocemos otros dioses que sí perdonan y nos entienden mejor.

 

Será porque aprendimos además de entender la naturaleza a crear dioses más buenos. Ya casi creemos que no están en el cielo sino más cerca, en el corazón del hombre.

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